Bangkok – El regreso

Buddhas dorados en Wat ArunPensábamos que aquel día nunca llegaría realmente, casi parecía que empezase a faltarnos tierra bajo los pies a pocos metros de la meta. No sabemos muy bien porque, pero algunos días antes del inicio de este viaje con el que tanto habíamos soñado, teníamos la sensación de que algo nos impediría emprender el camino. Sin embargo no fue así, todo salió estupendamente bien, sin retrasos ni contratiempos. Una hora antes del embarque ya estábamos en primera fila, pasaportes y billetes en mano y listos para montarnos en el avión que nos llevaría a Dubai. ¡Allí nos estaba esperando un Airbus A380 con destino Bangkok!

Empieza el viaje!

Solo tuvimos ocasión de sentir una pizca de pánico cuando nuestras mochilas se negaron a aparecer por la cinta del equipaje durante más de media hora mientras todos nuestros compañeros de vuelo recogían sus cosas y se dispersaban felices hacia taxis, trenes y furgonetas que los llevarían a sus respectivos alojamientos. No había nada extremadamente valioso en las mochilas, pero si ya la idea de pasar los próximos 10 meses con solo un puñado de camisetas, calzoncillos y bragas no era demasiado estimulante, no queremos ni imaginar como hubiera sido hacerlo solo con lo puesto.

El día de la llegada solo tuvimos tiempo de ducharnos, explorar rápidamente el mercado de enfrente de nuestro hostal y comer algo sencillo en un anónimo restaurante. Finalmente caímos rendidos por el cansancio acumulado durante las casi 24 horas de viaje y los 6 husos horarios que habíamos cruzado.

Con las pilas cargadas, la mañana siguiente nos hicimos con los billetes de tren para llegar hasta Chumphon (y de allí a la isla de Koh Tao) y nos lanzamos a explorar de nuevo Bangkok con la intención de mejorar la idea que nos habíamos hecho de la ciudad durante nuestra primera visita en 2012. En los tres días que pasamos en la capital tuvimos tiempo de patear por la ciudad, navegar por el río Chao Praya en barco, visitar templos budistas, pasear por parques urbanos, perdernos por mercados (flotantes y no) y probar platos de la exquisita cocina local. Además, en esos días se celebraba la entrada del nuevo año chino, así que aprovechamos para “convertirnos” en un chino más entre las masas que por la noche llenaban las calles de Chinatown.

Comida Bangkok

Visitamos los templos Wat Arun y Wat Pho. El primero es conocido como el templo del amanecer, tanto por los juegos de colores que el sol naciente genera sobre sus paredes y torres, como porque su nombre se debe a la divinidad india del amanecer, Aruna. Situado en la orilla occidental del Chao Praya, está formado por varios edificios, entre los que destacan la construcción piramidal central (Prang) de 82 metros de altura, decorada con mosaicos florales hechos de piezas de porcelana china, y otras 4 torres menores dispuestas en cuadrado alrededor del Prang central.

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Buddhas dorados en Wat Arun

Las vistas del templo desde la otra orilla del río son espectaculares, pero también lo es la visión panorámica que se tiene de Bangkok desde lo alto del Prang central, destacando los templos Wat Pho y Wat Phra Kaew y el Gran Palacio Real. La subida al Prang es algo dura, los escalones son muy estrechos y empinados y sudar la gota gorda es inevitable, ¡pero el esfuerzo merece la pena!

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Vistas al palacio real desde Wat Arun

El templo Wat Pho lo habíamos visto ya en 2012 y en principio no era nuestra intención volver a visitarlo. En realidad queríamos ver Wat Ratchanatdaram, pero desafortunadamente estaba cerrado por obras de restauración y su techo coronado por agujas negras permanecía cubierto por una horrible lona. Para intentar saciar nuestro apetito cultureta, decidimos volver de nuevo a Wat Pho, que en nuestra opinión es una joya. Tanto esta vez como la anterior llegamos al templo poco antes del cierre, así que conseguimos deambular entre sus edificios y una infinidad de pagodas grandes y pequeñas esparcidas ordenadamente por todo el recinto, casi en absoluta soledad. Pasear por este escenario al atardecer, con muy poca gente y algún que otro gato callejero en busca de algunas sobras, da una sensación de paz que hace parecer que el tiempo aminore la marcha… no es difícil de creer que la primera escuela de masajes tailandeses naciera aquí.

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Después de la parada “obligatoria” al edificio del buda tumbado, cuya enorme figura dorada es una de las estatuas de esta divinidad mas grande de Tailandia, nos sentamos a ver como unos chiquillos jugaban al fútbol en los patios del templo.

Pho3

Cuando uno llega a Bangkok y se ve arrollado por el calor húmedo, por la contaminación y el terrible ruido de los vehículos que día y noche recorren las calles de la ciudad maltratando los tímpanos de los habitantes, no llega a imaginar que pueda haber zonas verdes y tranquilas donde relajarse. Durante uno de nuestros paseos urbanos encontramos un par de parques en los que la gente se puede refugiar y escapar del caos. El primero de ellos se llama Rommaninat Park y es un pequeño oasis verde que presume de una fuente-estanque y de un curioso gimnasio al aire libre. El segundo es algo mas grande y famoso, se llama Lumphini Park y se encuentra en el extremo oriental de Th Silom. Tiene un lago artificial en el medio, donde se pueden divisar parejas de enamorados navegando sobre unos horrendos barquitos de pedales.

Atardecer en Lumphini Park, Bangkok

Posee además una serie de caminos y senderos que la gente usa para pasear o correr y amplias explanadas para reunirse a practicar fitness al ritmo de música de discoteca a todo volumen. Hemos de reconocer que observar este espectáculo es bastante divertido y a veces hay que contener la risa para evitar ofender a los entregados participantes. En los rincones mas tranquilos del parque se puede también encontrar a expertos en yoga en posiciones imposibles y viejecillos haciendo Tai Chi.

Lumphini2

Nuestro regreso a Bangkok lo completamos con una mañana cotilleando por el enorme mercado de fin de semana de Chatuchak, una excursión al vecino mercado flotante de Amphawa y un paseo nocturno por las calles de Chinatown, donde en esos días se concentraban miles de personas para celebrar el comienzo del año nuevo chino, el año de la cabra. Con un poco de paciencia pudimos probar algún delicioso bocado de las especialidades chinas, además de dejarmos apretujar por la multitud que esperaba ansiosa ver desfilar al gran dragón amarillo.

Chinatown1

A pesar de que no podemos decir que Bangkok sea una ciudad a la que nos encantaría mudarnos, esta vez ha conseguido cautivarnos un poco más.

¿Donde hemos dormido?
El hostal donde nos hemos hospedado en Bangkok se llama Glur Hostel & Coffee Bar. Se encuentra en una posición bastante estratégica, fácil de alcanzar desde aeropuerto y cuenta con acceso a distintos medios de transporte publico, incluido el BTS (sky train) y los barcos-autobus que, incansables recorren el río Chao Praya de arriba a abajo del amanecer al atardecer. El hostal, que cuenta con un bar restaurante en la planta baja, está gestionado por un grupo de chicas jóvenes muy amables y dispuestas a proporcionar información y consejo sobre la ciudad y su principales puntos de interés. Los dormitorios son de 8 camas (mixtos o sólo mujeres), no hay habitaciones dobles, pero la cosa peculiar es que las literas tienen colchones de cama de matrimonio y pueden dormir dos personas en cada cama. Están bien separadas entre ellas gracias a paredes de hormigón y cortinas que garantizan suficiente privacidad.  Por aproximadamente 7 euros la noche por persona este establecimiento ofrece, a parte de la cama, una toalla, desayuno disponible 24 horas al día, internet Wi-Fi y baños compartidos. Alguien tendrá sus dudas sobre los baños, pero hay cantidad suficiente para todos los huéspedes y están limpios. Aún con el hostal lleno, nunca notamos falta de limpieza, ni tuvimos que hacer cola para usar un lavabo, una ducha o un retrete. No probamos el bar, pero los platos nos parecieron algo caros con respecto al estándar tailandés. En cualquier caso recomendamos este hostal para una visita de unos pocos días de la ciudad.

¿Cómo moverse por Bangkok?
Bangkok es una ciudad enorme, laberíntica, muy caótica y constantemente asfixiada por la humedad. Moverse por ella a pie en pocos días supone no solo un gran esfuerzo a nivel físico, sino también un sacrificio desde el punto de vista del número de cosas que se pueden visitar, sobre todo considerando las distancias prohibitivas que separan las mayores atracciones turísticas. Aunque nosotros prefiramos por lo generar andar, aquí hemos usado también el transporte público, así que os vamos a dar alguna indicación de las varias opciones disponibles. La ciudad posee una línea de metro (MRT) y dos de sky train (BTS), que tienen correspondencia también con el airport rail link (el tren hacía el aeropuerto). Para pasar de uno de estos trenes a otro hace falta comprar un billete separado, no se puede hacer un recorrido con varios trenes con un solo billete sencillo, pero los precios son muy honestos y el servicio bastante frequente y fiable. Desafortunadamente la zona de Bangkok donde se encuentran las joyas de la corona, los monumentos principales, no está servida por ninguno de estos medios de transporte. El airport rail link a nosotros nos ha parecido el metodo más eficiente y económico para llegar al centro de la ciudad desde el aeropuerto. Si vuestro alojamiento no se encuentra cerca de ninguna parada de rail link, ni BTS ni MRT, podéis de todas formas usar el rail link  para llegar al centro y luego coger un taxi (que quizás resulte mas barato que cogerlo directamente en el aeropuerto, aunque un poco menos cómodo). Una buena alternativa para llegar a puntos que metro y trenes no alcanzan es usar el río y sus numerosos barcos. Existen distintos tipos y se pueden reconocer por el color de la bandera que llevan. Nosotros aconsejamos coger el naranja, que es el servicio local y cuesta más barato… pero tiene la desventaja de ser menos frecuente y a veces ir muy, pero que muy abarrotado. Los barcos de bandera azul son los turísticos, cuestan el triple de los locales y ofrecen una mayor frecuencia. Son aconsejables en el caso de que tengáis cierta prisa por dejar un embarcadero, ya que en todo caso el coste es 40 bahts por viaje (poco más de 1 euro). Si el río no os atrae mucho o vuestro destino no está cerca del Chao Praya, también podéis contar con los taxis (el precio se puede negociar con el conductor antes de montar, pero normalmente pedir que ponga el taxímetro suele resultar mucho más barato) o con los tuk tuk, unas motos modificadas en plan ranchero, con una parte posterior cubierta que puede hospedar hasta dos o tres pasajeros. El precio normalmente lo propone el conductor según la distancia que queráis recorrer y según su humor en ese momento, pero como casi todo lo que se vende por la calle en Bangkok, la suma final es negociable. El trayecto en tuk tuk puede ser frenético y dar un buen chute de adrenalina, ya que los conductores corren a toda velocidad por el tráfico intenso, ¡pero por lo menos una vez habría que probarlo! Existen también autobuses y furgonetas rojas (Songtaews) que recorren rutas establecidas y que paran donde haga falta, bien para recoger a alguien que ha llamado al conductor desde la calle, bien para dejar bajar a los que señalen querer terminar su carrera, pero durante nuestra visita no los hemos usado, así que no podemos contar mucho al respecto. Que sepáis que existen.

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8 comentarios en “Bangkok – El regreso

    • Jajajajaja!!
      Porque son supercutres!!! 😀
      El lago es bonito pero entre esos cacharros y la música del gangnam style de fondo se estropea un poco el aire de tranquilidad que tiene! 😉 De todos modos también le da su toque de personalidad y la verdad es que se agradece tener un sitio donde sentarse a la sobra de una palmera y reposar!

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