La magia de Mu Ko Ang Thong

Ang Thong, Mirador

El parque nacional Mu Ko Ang Thong es un archipiélago del Golfo de Tailandia, no muy distante de Koh Phangan, formado por 42 islas rocosas que se distribuyen como manchas de un dalmata sobre el tranquilo mar verde esmeralda. La mayor parte de estas islas está compuesta por montañas de roca calcárea que se elevan hasta 400 metros sobre el nivel del mar y que, con la acción del viento, de la sal y del agua, han tomado formas fantásticas, decoradas por acantilados, deliciosas playas de arena dorada, encantadoras lagunas y grutas con colores y luces irreales. Todo está recubierto por una abundante vegetación tropical en la que viven muchas especies de aves, anfibios y reptiles (¡incluidas cobras y pitones!), murciélagos, jabalíes y monos muy simpáticos. Por no hablar de los habitantes del mar, entre los que se pueden contar no solo los innumerables peces tropicales de distintas formas y colores, sino también delfines, tiburones, tortugas marinas y peces voladores que pueden dar saltos de varios metros planeando al ras del agua.

No es casualidad que el nombre de este sitio, Ang Thong, signifique “copa dorada”.

Con estas premisas, la excursión a este parque solo podía ser un éxito, pero las sorpresas que nos iba a regalar, junto con las personas que íbamos a conocer explorándolo, estaban más allá de cualquier expectativa.

Ang Thong, Mirador

La única manera de visitar este paraíso del Golfo de Tailandia es a través de un tour organizado, en el que un barco lleva un número más o menos limitado de turistas hacia el archipiélago ofreciendo distintas actividades durante el día: snorkeling, kayak, relax en la playa y paseos por el interior de alguna de las islas. Nosotros decidimos confiar en la compañía Orion, que nos fue recomendada por el personal de nuestro bungalow en Haad Salad, y tenemos que reconocer que fue una elección muy acertada, tanto por calidad como por el precio.

Te recogen directamente en tu alojamiento en la isla de Koh Phangan y después de un breve recorrido en furgoneta te dejan directamente en el muelle donde el barco, de 22 metros de madera y muy parecido a nuestra idea de un barco pirata destartalado, te espera con su simpática tripulación a bordo y un desayuno muy abundante que no espera otra cosa que ser devorado 😋

Ang Thong, detalle

Mu Ko Ang Thong desde el barco

El programa consistía en una travesía de una hora y media hasta el parque marino, una primera parada en las proximidades de Koh Wao para nadar un rato entre peces y corales y luego la comida. Después del almuerzo el barco nos llevaría a la isla de Mae Koh, donde quien había pagado el extra para dar una vuelta en kayak podía explorar formaciones rocosas calcáreas y cuevas dandole al remo, mientras que los que habían decidido ahorrar algo como nosotros tendrían la posibilidad de visitar la Emerald Lagoon. La excursión concluiría en la isla de Koh Wua Talap, donde se podia elegir entre relajarse en su playa paradisíaca, escalar la montaña más alta de la isla para obtener vistas excepcionales del archipiélago o explorar una cueva gigante, antes de poner rumbo de vuelta a Koh Phangan por la tarde.

021angthong_map2

La parada para hacer snorkel no fue nada del otro mundo, durante los días anteriores el mar había estado algo movido y las olas habían levantado parte del fondo marino, así que el agua no estaba demasiado clara y la visibilidad fue algo escasa. A pesar de todo esto, de los demasiados chinos (pasajeros de otra excursión mucho más multitudinaria que la nuestra) y del correspondiente “salvense quien pueda” de los peces, y también de mi sorprendente capacidad para empañar los cristales de las gafas de buceo cada 15 segundos independientemente de lo mucho que les escupiera encima, el chapuzón no fue mal del todo. Más gracias a los corales y a los enormes erizos de mar que por los peces, siempre multicolores pero nada nuevo con respecto a otros sitios con mejores condiciones de visibilidad. A quitarle el gustillo agridulce a la experiencia fue la comida que nos esperaba de vuelta al barco: platos típicos tailandeses muy apetitosos, en gran abundancia y de una calidad que no nos esperábamos considerando las dimensiones de las bandejas en las que estaban servidos.

Snorkel en Ang Thong

Peces en Ang Thong

Después de comer y de haber lanzado al agua los kayaks con sus respectivos ocupantes, desembarcamos en la isla de la laguna Talay Nai (“lago escondido”), un espectacular lago color esmeralda encerrado entre picos de roca caliza que se lanzan en picado en sus aguas tranquilas. Se llega a la laguna a través de un sistema de escaleras y plataformas que salen desde la playa y que permiten observar el agua y los riscos de alrededor desde distintos ángulos, ofreciendo tanto vistas panorámicas desde arriba como otras desde casi el nivel del agua.

Emeral Lagoon, primer mirador

Emerald Lagoon, mirador bajo

La laguna se formó hace varios millones de años, gracias a la acción de la lluvia, El agua, filtrando a través de la roca calcárea, creó un enorme hueco en el interior de la montaña, hasta que por fin la cúpula que lo cubría se derrumbó bajo su propio peso, dejando al descubierto este magnifico lago. La laguna, que hoy en día todavía está alimentada por las abundantes precipitaciones tropicales de la zona, hace tiempo estaba conectada al mar a través de un pasaje subterráneo, que garantizaba la circulación del agua, así como su pureza. Hoy desafortunadamente este pasaje está cerrado debido a un derrumbe que, según lo que nos dijeron, fue causado por el hombre durante el rodaje de algunas escenas de la pelicula de Danny Boyle “The Beach”, con un joven Leonardo Di Caprio como protagonista. No hemos conseguido encontrar confirmación en internet, pero lo que nos comentaron fue que durante una escena en la laguna, a la joven estrella de Hollywood no le gustaba la calidad del sonido, así que exigió y obtuvo la instalación de unos altavoces. Las vibraciones excesivas producidas por estos altavoces provocaron el derrumbe de la galería subterránea. Verdad o mentira, queda claro que hoy como nunca es muy importante preservar la pureza de las aguas de Talay Nai ya que no tienen salida al mar y por lo tanto nadar o tirarse a la laguna está estrictamente prohibido… ¡lo que es una verdadera lástima! La impresión al verla por primera vez es que ésta te salude diciendo: “¡Venga, va, tírate! ¡Ven a darte un chapuzón!”.

Emerald Lagoon, mirador alto

Cuando volvimos al barco buscamos a nuestro capitán para reiterarle nuestra intención de ser abandonados en al isla de Koh Wua Talap, para poder pasar la noche allí y volver a subir al barco al día siguiente. Habíamos leído que en la isla existía una especie de campamento del departamento de conservación de los parques nacionales, que, además de un pequeño centro de visitantes, contaba con algunos bungalows y tiendas de campaña de bajo coste a disposición de los que quisieran pasar una noche en la isla. A nosotros nos parecía un plan perfecto: un par de años antes habíamos hecho una excursión parecida a la isla de Phi Phi Leh, al otro lado de península tailandesa, que se convirtió en una de las experiencias más bonitas de entre todos nuestros viajes, y estábamos listos para vivir otra espectacular aventura.

El capitán no puso trabas y nos explicó cómo y dónde tendríamos que desembarcar en la isla con mochilas y todo. No éramos los únicos que habían tenido esa idea, pero por suerte nuestra compañía en la isla esa noche iba a ser solo una chica. Decimos “por suerte” por dos motivos: primero porque no ser multitud contribuyó enormemente a que la experiencia fuera única, y segundo porque la chica en cuestión, Megan, resultó ser una persona de lo más bonito y una compañera de aventuras que recordaremos siempre con mucho cariño.

Con Megan en el mirador de Ko Wua Talap

Cuando bajamos todos a la isla el capitán nos avisó a todos de que dos de sus chicos nos habrían acompañado hacía dos de las atracciones principales de la isla: uno se dirigiría hacia la cumbre de la montaña que surgía al lado de la playa hasta llegar a una plataforma panorámica; el otro encabezaría la exploración de una gruta calcárea gigante que se abría en la ladea de otra formación rocosa y que se alcanzaba tras un paseo por la playa y a través de un pequeño tramo de jungla. A nosotros y a Megan nos dijeron que éramos libres de hacer lo qué quisiéramos, de tomarnos las cosas con calma y de que no necesariamente teníamos que explorar la isla con todos los demás, sobre todo si queríamos subir al punto panorámico en la cumbre del monte. Para eso mejor esperar a por la tarde, para disfrutar de las vistas del archipiélago cuando éste se baña en la luz y los colores del atardecer.

Seguimos los consejos del capitán. Primero fuimos al centro de visitantes para pagar nuestra estancia en unas de las tiendas miméticas de estilo militar que estaban plantadas a pocos pasos de la playa, dejamos nuestras mochilas aparcadas allí y nos fuimos a la gruta Buaboke. El “corto” paseo desde la playa hasta la entrada de la gruta no fue tan corto como nos quisieron hacer creer, y considerando la humedad y el calor, llegar hasta allí fue un esfuerzo considerable que nos dejó empapados en sudor…pero la vista de este espectacular agujero natural compensó por completo el esfuerzo y la deshidratación!

Entrada de la cueva Buaboke

Interior de la cueva Buaboke

Cueva Buaboke

Pronto descubrimos que Megan era una especie de Dr. Jekill & Mrs. Hide: en su trabajo era una competente enfermera del reparto de urgencias de un hospital de Londres, de vacaciones un completo desastre y una persona tan torpe que casi inspiraba ternura! 😀

Nos contó que poco antes, mientras hacíamos snorkeling, se había fabricado ella solita una bolsa hermética para su móvil, (para así poder sumergirlo en el agua) con una bolsa de plástico de la compra. 😳🤔

Claramente el invento aguantó el agua un par de segundos, para luego dejar a la pobre Megan no solo sin todas las fotos de sus vacaciones, sino también sin el único aparato electrónico en su poder capaz de sacar fotos de aquellos mágicos momentos que íbamos a vivir en Koh Wau Talap. Nos ofrecimos voluntarios para ser sus fotógrafos personales y le prometimos enviarle por email todas las fotos de ese día juntos en cuanto tuviéramos la posibilidad. Desde ese momento nos hicimos inseparables hasta el último abrazo y el adiós, en el muelle de Koh Phangan! 🙂

Mirador de Ang Thong con Megan

Después de la visita a la gruta y un descanso en la playa que supo a gloria, con bañito relajante incluido, y después de que los turistas de Orion ya estuvieran en alta mar, decidimos empezar el ascenso a la cima del monte panorámico.

Playa de Ko Wua Talap

El sendero recorre un tramo de jungla muy denso y habitado por simpáticos monos negros con el morro blanco, que serpentea entre árboles y rocas con una pendiente muy marcada. Ya después de pocos metros la subida se hace complicada y es necesario en algunos tramos ayudarse con las cuerdas que están tendidas entre los arboles para facilitar la escalada. Cuando la jungla queda atrás, se llega por encima de la línea de los árboles. Allí la ladera de la montaña está completamente expuesta y hay que escalar literalmente un tramo de rocas resbaladizas y afiladas como cuchillas, que lleva finalmente hasta la plataforma de observación panorámica.

Subida al mirador de Ko Wua Talap

Utimo esfuerzo antes del mirador de Ko Wua Talap

La escalada requiere un esfuerzo más intenso que el paseo hasta la gruta y llegamos los tres a la cumbre rojos como tomates y jadeantes…pero el espectáculo que se abrió delante de nuestros ojos nos hizo olvidar enseguida todas nuestras fatigas. Las islas del archipiélago de Mu Ko Ang Thong estaban esparcidas sobre la superficie del agua calma como si fueran perlas de un collar apoyado distraídamente en un rellano de terciopelo. El sol estaba todavía alto cuando llegamos, pero no tardó mucho en lanzarse en picado hacía el mar, ofreciéndonos un espectáculo de colores y luces que las palabras no pueden llegar a describir.

Maria en el mirador de Ko Wua Talap

Mu Ko Ang Thong desde el mirador al atardecer
Panoramica Ang Thong al atardecer

Nos quedamos allá arriba un rato, disfrutando del atardecer y haciendo fotos, pero llegó el momento en el que el sentido común nos empujó a retomar el camino y descender hacia la playa, para evitar que la noches nos pillara desprevenidos en mitad de la jungla.

Atardecer sobre Ko Wua Talap

Llegamos al campamento cuando ya lo envolvía la oscuridad, justo a tiempo para darnos una buena ducha y cenar algo juntos en el sencillos restaurante de la playa.

La mañana siguiente nos despertó el calorcito que empezaba a crearse dentro de la tienda después de que el sol hiciera su comparsa por encima de la línea del horizonte y mientras nos levantábamos para ir al baño nos encontramos con una de las escenas más idílicas y surrealistas que habíamos visto jamás. En la playa, a pocos pasos de nuestras tiendas, se había reunido unos cuantos monos que estaban tranquilamente sentados en la areana, todos mirando hacia el sol que nacía desde las profundidades del golfo de Tailandia. Parecía una escena digna de “El Rey León”, la fauna local rindiendo homenaje al dios Sol que una vez más llegaba para disipar la noche y calentar un nuevo y exuberante día en el paraíso. Y como por arte de magia, o de acuerdo común, en cuanto el sol llegó a cierta altura por encima del mar y ya hacía daño mirarlo directamente, todos los monos de dieron la vuelta hacía la jungla y corrieron a esconderse entre los arboles. Simplemente majestuoso!

Amanecer en Ko Wua Talap

Preguntamos más tarde aquel día a uno de los encargados del departamento de conservación que residía en la isla si aquel espectáculo era algo habitual, pero nos dijo que era la primera vez que alguien se lo mencionaba. No sabemos si fue casualidad o si fuimos testigos de una rutina secreta pero diaria, pero estamos seguros de que no fue un sueño porque también Megan se despertó en aquel momento y lo vivío con nosotros. Lo seguro es que que despertarse así todas las mañanas sería un elixir de larga vida.

Amanecer con monos
Monos al amanecer

Invitamos a Megan a desayunar para agradecerle la cena de la noche anterior y luego nos dedicamos a relajarnos en la playa, solos. Nosotros tomando el sol y bañándonos, ella haciendo yoga.

Nos separamos de Megan cuando ella nos comunicó que tenía intención de volver a subir el monte para intentar sacar unas fotos desde la plataforma panorámica con su Polaroid. Tenía un paquete de 10 fotos, que serían las únicas que conseguiría llevarse en primera persona de esas vacaciones (su móvil seguía sin dar señales de vida), y tenía la firme intención de usarlas todas en ese paraíso.

Admiramos mucho su determinación: no solo porque decidió volver a recorrer el mismo sendero escarpado del día anterior (y de nuevo solo con un par de chanclas), sino también porque, llegada a la cumbre, se dió cuenta de que el mecanismo de su Polaroid estaba atascado. Con lo cual tuvo que bajar de nuevo a su tienda para intentar arreglarlo, lo consiguió aunque sin querer disparó una de las 10 fotos dentro de la tienda, y decidió volver a subir por tercera vez en menos de 24 horas para poder usar los 9 cartuchos que aún le quedaban!

A la vuelta se la veía destrozada, pero su sonrisa rodeada de pecas y quemada por el sol era la prueba de que había disfrutado cada instante de ese día! 😀

El barco de Orion volvió a la misma hora del día anterior, nos recogió en la playa y, después de una merienda a bordo, notable tanto por abundancia como por la simpatía y las bromas del capitán y dueño del navío.

Al llegar a Koh Phangan nos dieron justo el tiempo de abrazar y saludar a Megan, antes de cargarnos en un pick-up que nos llevó derechos a Thongsala, donde pasaríamos la noche.

Aquella noche la pasamos en unos de los sitios más cutres en los que nos alojamos en Tailandia, pero el recuerdo de esa mágica experiencia en Mu Ko Ang Thong nos calentó el alma….y lo hace todavía hoy, cuando pensamos en aquella maravillosa aventura.

 

¿COMO LLEGAR A MU KO ANG THONG?
Sabemos que hay distintas compañías que operan entre Koh Phangan, Koh Tao, Koh Samui y Ang Thong. Elegimos Orion porque nos la recomendaron en My Way Bungalows de Haad Salad y porque nos pareció que el precio era muy razonable: 1700 baht por persona, que incluyan el transporte desde el alojamiento a la ida (que nos hubiera costado alrededor de 250 baht por nuestra cuenta), el transporte a Thognsala a la vuelta (otros 100-150 baht), la tasa para entrar en el parque marino (300 bath), lo necesario para el snorkeling y tres comidas (desayuno, comida y merienda a mitad de tarde).
El barco es suficientemente grande como para no notar claustrofobia y el número de personas a bordo no es excesivamente grande como para hacer que la experiencia fuera demasiado masiva. Descubrimos mas tarde, charlando con el capitán, que Orion es una de las compañias de tours que ofrecía el mejor precio para la visita de Mu Ko Ang Thong. Existen otros operadores que permiten hacer una excursión parecida y son muy fáciles de localizar en las agencias que se encuentran en las tres islas Koh Phangan, Koh Tao y Koh Samui.

 

¿DONDE HEMOS DORMIDO?
La isla de Koh Wau Talap posee un pequeño campamento con tiendas de campaña, dotadas de colchonetas, almohadas y mantas, parar dos personas, por un total de 250 baht por noche (Megan viajaba sola y pagó 200 baht por la misma tienda). Se encuentran a pocos metros de la playa, del bar que abre en las horas centrales del día y del restaurante que sirve desayunos, comidas y cenas. Hay baños públicos con duchas tanto al lado de las tiendas como cerca del restaurante, todo en un radio de 100 metros. Para los que quieran algo más de comodidad, se pueden alquilar bungalows, que claramente ofrecen algo más de privacidad y una cama de verdad. Cuestan 500 baht, por noche, pero sabemos que cuando hay pocos turistas en la isla, los precios pueden bajar. A nosotros nos propusieron 300 baht por una noche, pero rechazamos la oferta porque queríamos gastar lo menos posible y porque nos hacía gracia la idea de acampar en una isla tropical! 🙂
Los bungalows están disponibles en internet, se pueden reservar en el sitio de los parques nacionales tailandeses , pero se puede incluso llegar a la isla sin reserva. En el caso de que los bungalows estén todos reservados, te ofrecen las tiendas, que no se pueden reservar por internet.

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Un comentario en “La magia de Mu Ko Ang Thong

  1. Pingback: La magia di Mu Ko Ang Thong | Nuestras huellas el camino

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