De Georgetown a las Cameron Highlands

Estación de tren de IpohLlevábamos tres días en Georgetown y nos hubiera gustado quedarnos alguno más, pero decidimos que había llegado el momento de movernos hacia las tierras altas del interior de la península malaya y explorar lugares que todavía no conocíamos. Era el momento de visitar las Cameron Highlands. Nuestra base una vez allí sería Tanah Rata, a unos 250 Km de Georgetown.

No existen trenes que lleguen hasta este pequeño centro turístico de montaña, ni mucho menos es posible llegar hasta allí en avión, así que la única opción posible es recorrer una carretera zigzagueante de reciente construcción, que ha sustituido a otra todavía más compleja y poco apta para estómagos sensibles.

Como ya habréis intuido a través de nuestros primeros pasos por Asia, no somos muy amigos del transporte por carretera y lo intentamos evitar en la medida de lo posible. Sin duda alguna el tren es nuestro medio de transporte favorito y por eso también esta vez, y a pesar de que no existía la posibilidad de llegar hasta nuestro destino directamente, decidimos acercarnos lo máximo posible con los puntuales trenes malayos llegando a la ciudad de Ipoh. Desde allí no nos quedaría más remedio que contentarnos con el autobús. Esta combinación escondía sin embargo otro motivo: era la excusa perfecta para hacer una breve parada en la ciudad de Ipoh, fuerte rival de Georgetown en la lucha por el honor de poseer los platos más deliciosos del país. Como amantes de la cocina asiática no pudimos dejar escapar una ocasión como esta.

Nuestro plan de acción preveía despertase al amanecer para ir andando hasta el ferry que gratuitamente nos llevaría a Butterworth y de allí andar unos pocos metros hasta la estación de trenes. Teníamos ya en nuestras manos un billete (21 riggints por persona, alrededor de 5€) que habíamos comprado el día anterior.

Tras un fugaz desayuno en el hostal y ya con las mochilas en nuestras espaldas nos aventuramos por las somnolientas calles de Georgetown que a las 6 de la mañana todavía no habían sido invadidas por el denso tráfico. Fue agradable pasear en silencio por las normalmente ruidosas calles de la ciudad y observar como las personas que trabajan en el mercado se apresuraban a preparar sus mercancías, mientras el resto se dirigía con paso enérgico hacia el muelle.

Después de una larga espera (o al menos eso nos pareció por el sueño que teníamos) en la estación de Butterworth, por fin llegó nuestro tren, que después de un “agradable” viaje a temperaturas dignas del polo norte, nos dejó en perfecto horario en la estación de Ipoh.

tren ipoh

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En cuanto bajamos del tren y salimos de la estación fuimos asaltados por un grupo de taxistas, que sin duda sabían perfectamente a donde querían ir los turistas que llegaban hasta allí. Tenemos que reconocer que estos taxistas demostraron ser los mas simpáticos de todo el viaje: no insistieron excesivamente y cuando les hicimos entender que el coste de un taxi a Tanah Rata era mucho más que nuestro presupuesto diario, nos preguntaron cuanto estábamos dispuestos a pagar. Dijimos que con 50 podía bastar (su primera oferta era de más de 250 ringgit) y uno de ellos se echó a reír a carcajadas, me pasó un brazo alrededor de los hombros como se hace con un viejo amigo y me dijo entre risas: “Está bien, ¡no hay problema! ¡Me das 50 dólares americanos y yo os llevo a ti y a tu mujer a Tanah Rata!” 🙂

Después de un intercambio de saludos y sonrisas, los dejamos con su trabajo de caza-turistas y fuimos andando a la estación de autobuses, donde compramos nuestro pasaje a Tanah Rata (18,5 ringgit por persona). La compañía de autobuses se llama Perak Transit y es la única que opera desde esa estación de autobuses hasta las Cameron Highlands. Sus vehículos son fucsia… ¡no hay pérdida!

Autobus de las Cameron Highlands

Una vez solucionamos el tema de los billetes para llegar a las Highlands, nos preocupamos de obtener los que nos sacarían de ellas tres días más tarde con dirección a Kuala Lumpur. Cuando llegamos a la estación de trenes de Ipoh notamos una gran cantidad de gente haciendo cola para comprar billetes y un cartel que anunciaba qué trenes hacia la capital ya estaban completos y cuáles seguían disponibles. La casualidad quiso que ese fin de semana coincidiera con el comienzo de las vacaciones escolares, por lo que los transportes se iban llenando rápidamente. Decidimos no arriesgarnos a quedarnos tirados entre las Highlands e Ipoh más tiempo de lo que teníamos previsto y compramos esa misma mañana un billete de tren de Ipoh a Kuala Lumpur (25 ringgit por persona). Nos preocuparíamos del billete de autobús desde Tanah Rata una vez llegáramos a las Highlands, todavía no sabíamos que estábamos haciendo mal la cuenta, ya que el billete de vuelta a Ipoh sería más caro que el de ida (21,3 ringgit per persona en lugar que 18,5). Nos hubiera costado menos (tanto en términos de tiempo como de dinero) comprar un billete de autobús directo desde Tanah Rata a Kuala Lumpur, pero ya era tarde, teníamos los billetes de tren reservados y tuvimos que conformarnos.

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Dejamos por segunda vez en ese día el imponente edificio de la estación de Ipoh, acompañados de nuevo por los taxistas que intentaron otra vez convencernos de montarnos en sus vehículos, y nos dirigimos sin rumbo aparente hacia lo que parecía ser el centro. Nos cruzamos con un señor a pocos metros de la plaza de la estación y le preguntamos donde podríamos ir a comer y él nos indicó un conjunto de puestos callejeros situado s en la primera planta de un parking cubierto. Dimos un rápido paseo por las cocinas llamando la atención de todos los presentes, que posiblemente no estaban acostumbrados a ver extranjeros en un sitio que claramente estaba fuera de la ruta turística. Elegimos un puesto que nos inspiraba confianza y pedimos dos Nasi Goreng (arroz frito con marisco y verduras, acompañado por un caldo humeante y salsa de soja picante) y dos zumos de fruta.

Terminada la comida pedimos a la chica que hablaba un poquito de inglés si tenían el famoso white coffee, bebida tipica de Ipoh, que en pocas palabras es un café endulzado por litro y medio de leche condensada. Nos contestó que desafortunadamente no tenían, pero que podíamos pedir uno en la calle de al lado….o eso fue lo que entendimos. En realidad la chica nos envió a un bar que se llamaba White Coffee, que es una especie de Starbucks malayo, en el que claramente puedes pedir un white coffee, pero pagando precios muchos más “europeos” y obteniendo un producto bastante más industrial del que podríamos haber obtenido en un puesto callejero. Considerando que la comida nos había costado algo mas de un euro y que llevábamos las mochilas encima, decidimos parar allí de todos modos.

Ya de vuelta a la estación de autobuses aprovechamos para sacar algunas fotos de los edificios de aire marcadamente colonial de la zona de la estación.

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stazione ipoh

El camino hasta Tanah Rata tenía que durar un par de horas, pero la señora de la taquilla nos advirtió que podían llegar a ser tres o más. Pensábamos que eso se debía a las condiciones de la carretera o del tráfico, pero pronto descubrimos que en realidad la razón era otra. El conductor paró una docena de veces a lo largo del recorrido para recoger paquetes de todo tipo que individuos de lo más dispares le dejaban después de meterle algún billete de 10 o de 20 en el bolsillo de la camisa. El mismo número de paradas se produjo una vez llegados a las montañas, para descargar los paquetes y entregarlos a los destinatarios. No sabemos si este transporte de mercancías a las Highlands está organizado por Perak Transit o si el conductor engorda algo su salario con su servicio DHL particular, pero nadie parecía quejarse y el proceso fluía sin interrupciones, causando a los pasajeros solo un pequeño retraso de una hora, que bien valía el espectáculo que el  conductor organizaba con cada entrega, entre intercambios de risas y dinero.

Sospechamos que el hombre debía de ocupar ese trabajo desde hacía siglos (sino la otra opción es que se aburría tremendamente en el recorrido), ya que iba saludando a todos y cada uno de los conductores de vehículos de tamaño superior al de un Seat Marbella que se cruzaba por la carretera. Puede que sea la persona con más conocidos del mundo…o una de las más amables que hayamos visto nunca en la carretera! 🙂

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Los bonitos paisajes a lo largo del recorrido en bus y el show del conductor hicieron que el viaje discurriera de forma muy agradable y el tiempo pareció pasar más rápidamente. En menos de tres horas llegamos a Tanah Rata, el camino había concluído. No nos quedaba nada más que disfrutar de las Cameron Highlands y de su color verde intenso.

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2 comentarios en “De Georgetown a las Cameron Highlands

  1. Pingback: Verso le Cameron Highlands | Nuestras huellas el camino

  2. Pingback: Un té verde, por favor | Nuestras huellas el camino

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