Un té verde, por favor

Plantacion de te

Después de visitar una caótica ciudad, ¿hay algo mejor que una inmersión en la naturaleza? A lo mejor sí, pero lo verde mola…
Y así ocurrió que, en cuanto saciamos todos nuestros sentidos en Georgetown, decidimos dejarnos abrazar por las verdes “tierras altas” de Malasia, las Cameron Highlands.

A parte de tener una posición cómoda a nivel logístico, ya que están más o menos a mitad de camino entre la isla de Penang y la capital Kuala Lumpur, queríamos pasar algún día en esta zona del país que durante nuestra primera visita no pudimos alcanzar por falta de tiempo.

Cameron Highlands, plantaciones de te

Las Highlands abarcan un territorio bastante extenso, tienen el mismo tamaño que la vecina Singapur, con lo que un par de días no nos iban a bastar para recorrerlas de cabo a rabo. Pero, considerando que el hostal que habíamos elegido no era tan barato como los que estábamos acostumbrados a pisar y que queríamos llegar a Kuala Lumpur antes del 17 de marzo para encontrarnos con nuestros amigos Leti y Rober, terminamos por quedarnos en Tanah Rata, centro neurálgico de la región, solo dos días. Fueron suficientes para llegar a tener una primera impresión de este agradable (y atípico) rincón de Asia.

A pesar de estar situadas a poco mas de 200 kilómetros del ecuador, las Cameron Highlands presumen de un clima fresco, comparado con él húmedo y asfixiante del resto del país, porque se elevan a altitudes superiores a los 1000 metros sobre el nivel del mar, con picos que llegan hasta los 2000. La sensación es algo rara cuando en dos horas de carretera se pasa de un sitio donde en tirantes y pantalón corto bastan cuatro pasos al sol para necesitar una ducha fría, a otro en el que con la misma ropa bastan cinco minutos en la calle después de cenar para desear un baño caliente. El aire fresco y limpio contribuyen a dar a este sitio una apariencia de tranquilidad y relajación que en las ciudades malayas no se consigue encontrar.

Remanso de paz, Cameron Highlands

La razón por la que estas montañas son un destino turístico de renombre, tanto para extranjeros como para nativos, no se encuentra solo en su agradable y refrescante clima, sino sobre todo en la oportunidad de recorrer agradables caminos entre sus laderas y disfrutar del magnífico espectáculo ofrecido por las famosas plantaciones de té. Con esta idea nos dirigimos hacia las Highlands: pasear en la naturaleza y adentrarnos en la plantación de té mas grande de la zona, la Boh Sugei Palas Tea Estate.

Subiendo hacia la cumbre

El día en que llegamos a Tanah Rata, después de un viaje desde Georgetown pasando por Ipoh, ya era tarde por la tarde, así que nos limitamos a llegar a nuestro alojamiento en la Father’s Guesthouse, plantar nuestras mochilas en la habitación y charlar un poco con la recepcionista sobre las posibilidades de hacer alguna que otra excursión entre bosques y té. El hostal ofrecía tours organizados con guía a través de las zonas de mayor interés de la región, que incluían no solo montañas cubiertas de vegetación y las famosas plantaciones de té, sino también visitas a granjas de mariposas, invernaderos de fresas y excursiones por la jungla en búsqueda de la Rafflesia, la flor más grande del mundo.

Rafflesia

Photo credit: Encyclopædia Britannica, Inc.

 

El hecho de que, en cuanto mencionamos la posibilidad de hacer alguna excursión organizada, la simpática chica de la recepción nos dijera: “Ahhh, perfecto, la Rafflesia solo florece una vez al año durante solo una semana, luego muere…¡¡y justo ahora está floreciendo!!” nos hizo sospechar un poco. Parecía una coincidencia exagerada, llegar justo en el periodo de florecimiento, por pura casualidad…al fin y al cabo era una posibilidad sobre 52, menos del 2%, que para gente como nosotros que siempre consigue sacar un 0 en la primitiva es simplemente “demasiada potra”. El precio de la excursión era un poco alto, por lo que le dijimos a la chica que al día siguiente daríamos una vuelta por nuestra cuenta y que nos pensaríamos si dejar la excursión de la Rafflesia para nuestro último día en las Highlands. Ella contestó (con un tono algo menos simpático) que claramente podíamos hacer lo que nos diera la gana, pero que POR CASUALIDAD el día siguiente iba a ser el cuarto de florecimiento, o sea día de mayor esplendor de la flor…a partir del quinto se supone que esta empieza a marchitar, así que si íbamos a esperar un día más para decidirnos nos perderíamos lo mejor. Ya… claro…

Le preguntamos cuanto tiempo teníamos para decidir y nos dió una hora. Con este último dato, sin decirnos ni una palabra, acordamos los dos dejar de lado las excursiones programadas y dar una vuelta por las Highlands por nuestra cuenta y a nuestro aire, sin guías de por medio, horarios inflexibles y paradas cronometradas para comer.

Seguimos el consejo de nuestra amiga Silvia (que con su compañero Carles forman el equipo de Un Cambio De Aires, nuestra primera inspiración viajera), sacamos alguna foto de los mapas de las pistas y senderos de la zona que estaban colgados en las paredes del hostal y nos tomamos el resto de la tarde para decidir que camino seguir al día siguiente. Cuanto lo tuvimos más o menos claro lo comparamos con el del post de Silvia para descubrir que ella también había elegido hacer exactamente lo mismo.

Mapas Cameron Highlands

Por la noche salimos a dar una vuelta por el centro de Tanah Rata (que al mismo tiempo es también su periferia, considerando sus dimensiones) y acabamos en un restaurante indio donde comimos un delicioso pollo tandoori con naan, una especie de pan fino cocinado en un horno de barro, acompañado por un batido de fruta fresca: no, nos cansaremos nunca de repetir que en Malasia se come de maravilla, y casi siempre por muy poco dinero.

Pollo Tandoori con Naan

La mañana siguiente, frescos y reposados por el tranquilo sueño en una cama cómoda sin el calor pegajoso de Penang y la tripa llena gracias al buen desayuno acompañado por un té local, se nos planteaban dos opciones: alcanzar el comienzo de un sendero de montaña en el pueblo de Brinchan, unos pocos kilómetros al norte de Tanah Rata, para luego aventurarnos en una caminata en la jungla hasta llegar a la cima del monte Gunung Brinchan, desde donde se podía bajar a lo largo de una carreterilla hacía la plantación de Boh Sungei Palas; o, por la misma carretera, pasar de largo Brinchan y llegar a la plantación de té, cruzarla, llegar a la cima del Gunung Brinchan saltando por completo el sendero de la jungla y volver atrás por donde vinimos. Decidimos elegir la segunda opción, ya que no nos apetecía demasiado cruzar una jungla, y además por una subida considerable (todavía recordábamos la dificultad y el esfuerzo que supuso el año anterior cruzar el parque nacional de la isla de Penang).

Fuimos a parar a la estación de autobuses con la idea de comprar dos billetes para algún pueblo al norte de Tanah Rata y pedir al conductor que nos soltara a mitad de camino, cerca de la bifurcación que llevaba a la plantación de té. Quiso el destino que el autobús que teníamos que coger tuviera un problema técnico por el camino, lo estaban arreglando y no habría vuelto a estar en servicio hasta bien entrada la tarde.

Para evitar perder todo el día esperando a un autobús, decidimos probar suerte por la carretera haciendo autostop. Al parecer en Malasia era sencillo que te llevaran y por lo visto en la zona de las Highlands esta costumbre tenía bastante seguidores. En cuanto salimos de la estación nos encontramos con dos chicas danesas que tenían planes parecidos a los nuestros y las convencimos para que se unieran a nosotros.

Después de unos quince minutos y varios intentos fallidos en las afueras de Tanah Rata, un simpatico señor que conducía un gran Jeep se paró y se ofreció a llevarnos a los cuatro hacía la plantación de té. Estaba entusiasmado de tener en el coche a personas que venían de 3 países diferentes y estuvimos charlando con él de esto y de aquello. Fue tan generoso que decidió apartarse de su ruta para meterse montaña adentro y dejarnos cuanto más cerca posible de la plantación. Fue un gesto muy amable, ya que nos ahorró un par de kilometros de carretera bastante insulsa en pleno sol. Nos despedimos de él animadamente entre apretones de manos y grandes sonrisas para luego empezar nuestro camino hacia la cumbre del monte Gunung Brinchan.

Las danesas, que ya se habían demostrado algo antipáticas y antisociales en el trayecto hasta allí, salieron disparadas hacia el centro de visitantes de la plantación, ni que le hubieran metido un petardo por el… bueno, que se esfumaron y no se dignaron ni en decir “adiós”. Nosotros sin embargo, después de haber preguntado a un grupo de trabajadores de la plantación si podíamos meternos entre las plantas de té, comenzamos con nuestro repertorio fotográfico de las colinas cubiertas de verde.

Recogiendo té a saco

Bucenando en el verde
Recolectando te

Fue la primera vez que veíamos una plantación de té y tenemos que reconocer que las vistas eran espectaculares: colinas cubiertas por una manta verde esmeralda, que parecía de terciopelo suave y delicado. Las plantas de té son bajas, como arbustos, y estaban alineadas en largas filas que seguían la pendiente de las colinas. Entre estos montoncitos de hojas tiernas se extendía un complejo sistema de senderos, que permitían a los trabajadores cortar y recoger el té. Nos adentramos por algunos de ellos para sacarnos algunas fotos “buceando” en este mar verde.

Buceando entre plantas de te

Cuidando del té, Cameron Highlands

Al partir hacía la cumbre del Gunung Brinchan, no trajimos nada de comida con nosotros, por lo que contábamos (ingenuos) de poder llegar a la cima y volver a tiempo para tomar una comida tardía. Lo que no sabíamos era que el recorrido serpenteaba no solo por las plantaciones de té, sino también por un largo tramo de selva, así que, por mucho que la carretera estuviera en buenas condiciones para una caminata, sus 7 kilometros de costante subida no fueron para nada ligeros…y menos aún rápidos.

Seguimos durante más de una hora entre campos de té, maravillándonos en cada curva de los paisajes y las vistas que el recorrido ofrecía y que quitaban el aliento.

Plantaciones de te, Cameron Highlands

Plantacion de te
Plantaciones de te, Gunung Brinchan

Té, té y más té

Cuando terminaron los inmensos campos de té, aparecieron un par de granjas con invernaderos para el cultivo de las fresas, que al parecer era muy famosas por la zona. Ya pudimos comprobar esa mañana, en el Jeep, pasando por un mercado, la gran cantidad de fresas frescas, mermeladas y zumos que se vendían. Como ya empezaba a hacerse tarde, era casi hora de comer y no teníamos nada que picar decidimos dejar la visita a los invernaderos para la vuelta, en la esperanza de que la cumbre estuviera ya cerca y que allí nos hubiera dado la bienvenida un simpático lugareño con su puestecillo de comida rapida. Bendita ignorancia…

Mar verde, Cameron Highlands

Después de incontables curvas y recodos en medio de la selva aún no se veía el final de la carretera. Muchos vehículos de tours organizados nos habían adelantado a lo largo de nuestro recorrido, así que en alguna parte tenían que haber parado! Cada vez que doblábamos una nueva curva esperábamos por fin ver un aparcamiento con todos esos vehículos y cada vez, nos quedábamos con las ganas. Como si no fuera suficiente, después de un tramo de subida particularmente arduo, escuchamos una puerta de un coche cerrarse desde el otro lado de un recodo. “¡Ya está! Allí tiene que estar el parking”. ¡Pero con gran sorpresa y decepción descubrimos que solo era el conductor de un coche que no había podido aguantar más y se había parado al borde de la carretera para hacer pipí!

Afortunadamente a lo largo de la carretera nos hicieron compañía unas grandes y coloridas mariposas, algunas de las cuales por dimensiones podían haber perfectamente pasado por pájaros.

Ya era por la tarde cuando por fin divisamos la cumbre del Gunung Brinchan (2032 metros), apareciendo como un espejismo detrás de la última, maldita curva, y con ella todos los coches que nos habían adelantado anteriormente. Ya lo teníamos que haber imaginado a pesar de nuestras irracionales expectativas, no había ningún bar ni puesto de comida. El hambre aumentaba por momentos, pero lo habíamos conseguido! Habíamos alcanzado la cima de la montaña y no quedaba nada más que escalar la torre de observación y empaparnos de las majestuosas vistas sobre los valles de alrededor. Cumbres envueltas en una sutil neblina, cubiertas por una vegetación densa y de un verde muy intenso hasta donde alcanzaba la vista: ¡un espectáculo que bien vale un pequeño ayuno y un largo paseo!

Cumbre Gunung Brinchan

Desde la cumbre del Gunung Brinchan
Vistas magicas, Gunung Brinchan

Una vez saciados de las vistas sobre las Cameron Highlands volvimos a ponernos las mochilas en los hombros y emprendimos el camino de vuelta. El plan era llegar a la carretera donde nos había recogido nuestro buen hombre con el Jeep y buscar otro coche a dedo que nos llevara hacia Brinchan, donde por fin hubiéramos podido comer algo, a pesar de que según nuestros cálculos para entonces serían ya las 5 de la tarde.

El camino montaña abajo fue menos difícil y más rápido, pero pronto nos resultó claro que los 9 kilómetros que nos separaban de la carretera principal nos iban a costar más tiempo de lo previsto. Así que paramos un rato en los invernaderos de fresas, donde un grupo de trabajadores de Bangladesh nos guió entre las plantitas para recoger alguna fresa y luego comerlas mientras atravesábamos de nuevo los campos de té. Uno de estos chicos se ofreció a hacernos una foto y acabó haciéndonos un reportaje de fotos “artísticas”…os enseñamos una muestra aquí abajo, más por daros una idea de lo que hablamos que por el placer de volver a verlas…

Haciendo el tonto con las fresas

Recorrimos los últimos kilómetros hacia la carretera principal entre una fresa y otra, nuestra comida del día, y decidimos seguir andando en dirección a Brinchan para visitar las granjas de mariposas que vimos por el camino a la ida. Cuando llegamos a la primera descubrimos que no eran gratuitas como las de fresas en el monte, sino que exigían el pago de una entrada. No era una cantidad muy alta, pero empezaba a hacerse tarde y ya habíamos visto muchas mariposas de camino a la cumbre, por lo que decidimos pasar de largo para llegar a Tanah Rata antes de la hora de cenar.

En esta ocasión no tuvimos tanta suerte con el autostop y, paso tras paso, acabamos por llegar a Brinchan andando. Llegamos ya sin agua y muy cansados, así que cuando se nos acercó un taxista, preguntándonos si queríamos que nos llevara a Tanah Rata por solo 6 ringgit (1,5 euros), aceptamos encantados y nos dejamos llevar hasta la estación de autobuses, para luego correr hacia el hostal, darnos una ducha rápida y salir a cenar.

La idea era volver al indio del día anterior para que nos preparar un delicioso Roti, pero al llegar allí descubrimos que era demasiado tarde para eso y la cocina ya había cerrado. Los camareros nos mandaron a otro restaurante indio calle abajo que estaba abierto las 24 horas, pero el resultado no fue tan satisfactorio como deseábamos.

El día siguiente pensábamos emprender otra caminata por la zona, para disfrutar del paisaje montañoso y de los bosques que rodean Tanah Rata, pero tanto la lluvia, como el famoso “sindrome del domingo en el sofá”, nos afectaron justo después de desayunar y nos indujeron a pasar el día en el hostal, descansando, leyendo y haciendo planes para el futuro. Claramente no faltó ocasión para salir a comer alguna delicia local, pero el día pasó tranquilamente alrededor de las mesitas de la zona común del hostal.

A la mañana siguiente nos fuimos a la estación de los autobuses de nuevo para emprender el viaje de vuelta a Ipoh, donde un tren nos llevaría a Kuala Lumpur. Por el camino hacia Ipoh descubrimos que un pequeño mercado local puede fácilmente bloquear el trafico durante más de dos horas y que los conductores malayos de la zona con poca paciencia se sienten con el pleno derecho de adelantar a una cola kilométrica de coches que serpentea entre curvas estrechas y barrancos, por supuesto en sentido contrario y con todo tipo de vehículos circulando por el otro carril. A nosotros nos impactó un poco, pero el conductor del bus parecía observar la escena como si fuera el pan de cada día. Simplemente las normas de trafico en las Cameron Highlands se pueden interpretar y redefinir más libremente que en otros sitios. ¡Lo importante es saberlo de antemano! 🙂

 

¿DONDE HEMOS DORMIDO?
Pasamos las dos noches en Tanah Rata en el Father’s Guesthouse, un hostal con habitación doble y baño compartido. Hay que reconocer que las habitaciones son muy acogedoras y, aunque las camas no tenían mosquiteras, eran calientes y cómodas, lo cual se agradece en un sitio donde las temperaturas pueden bajar de los 15°C. El baño estaba compartido solo con la habitación de al lado, por lo que como mucho lo usaban 4 personas a la vez, que permitía mantener niveles de limpieza a cualquier hora del día muy superiores a la media. El precio de una habitación doble varía según la epoca del año y el día de la semana. Con nuestra proverbial suerte viajera, conseguimos llegar allí un fin de semana y durante las vacaciones escolares, así que pagamos la tarifa máxima (90 ringgit, casi 22 euros), pero las habitaciones con baño compartido pueden llegar a costar hasta un 30% menos en temporada baja (60 ringgit por noche).

El hostal está bastante cerca de la zona de restaurantes y de la estación de autobuses, pero sinceramente en Tanah Rata hay que esforzarse mucho para alojarse en sitios lejanos del “centro”. El personal es simpático y disponible, también cuando se trata de preguntar por información y consejos sobre senderos y caminatas sin guía, a pesar de que ellos gestionen muchos tours. Esta es una ventaja para los que quieran una experiencia “completa” (paseo por la selva, plantaciones de té, fresas, mariposas y la gigantesca flor Rafflesia): en la recepción se pueden contratar tours de todo tipo y aptos para casi todos los bolsillos.

¿COMO HEMOS LLEGADO?
Tanah Rata y las Cameron Highlands son unas de las localidades turísticas mas conocidas del país, por lo que llegar a ellas no es tarea complicada. Autobuses de distintas compañías llegan a Tanah Rata desde Kuala Lumpur, Georgetown, Ipoh, Kota Baru y otras grandes ciudades malayas. No se puede llegar a las Highlands en tren, pero para los que quieran viajar por ferrocarril hay que parar a la fuerza en Ipoh, al norte de Tanah Rata, o en otra localidad más al sur (sorry, no conocemos su nombre), y desde allí seguir en autobús (opción economica) o en taxi (más cómodo y rápido, pero mucho más caro).

Nosotros, viniendo de Georgetown, optamos por llegar a Ipoh en tren (21 ringgit por persona, poco más de 5 euros) y luego coger el autobus local hacia Tanah Rata (18,5 ringgit por persona). De esta manera pudimos evitar los 250 kilómetros directos desde Georgetown a Tanah Rata, pero conseguimos también gastar menos (el autobús directo que nos ofrecieron en Georgetown costaba 40 ringgit por persona).

Para llegar a Kuala Lumpur desde Tanah Rata decidimos usar la misma solución, o sea autobús hasta Ipoh y luego tren hasta la capital, bien porque preferimos el tren a la carretera, y también porque ya compramos nuestro billete de tren para Kuala Lumpur el día en que llegamos a Ipoh, ya que habíamos visto que estaban muy llenos y temíamos vernos atrapados allí varios días. Cuando estuvimos en Tanah Rata descubrimos que llegar a Kuala Lumpur era más economico por carretera (entre 35 y 40 ringgit por persona), ya que tanto el autobus local como el tren eran más caros con respecto a la ida (21,3 ringgit y 25 ringgit por persona respectivamente).

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Un comentario en “Un té verde, por favor

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