Noches mágicas en Kuala Lumpur

Fiesteros ViajerosKuala Lumpur, o KL como la llaman los malayos, es la capital del país y su ciudad más grande. Es conocida en todo el mundo gracias al elemento más vistoso de su skyline, las torres gemelas Patronas, que además de ser una joya arquitectónica, han sido también el edificio mas alto del mundo entre 1998 y 2004 con sus 452 metros, superando (aunque de forma artificial, gracias a las antenas montadas en el techo) la Sears Tower de Chicago.

A pesar de que el significado de Kuala Lumpur en lengua malaya, “confluencia fangosa”, que hace referencia al punto en el que se encuentran los ríos Gombak y Kelang, no anime a visitar la ciudad, nosotros no veíamos la hora de volver allí por varios motivos. Su mezcla cultural marcadamente asiatica pero con toques “occidentales”, el aire moderno del centro, las mil y una posibilidades culinarias…¡hay tanto por donde elegir! Sin contar con una motivación extra que nos empujó a dejar las Cameron Highlands deprisa y corriendo: ¡la cita con nuestros amigos Lety y Rober, recién llegados de Nueva Zelanda!

Petronas

Visitar la ciudad fue agradable, pero los recuerdos mas vivos de los 10 días pasados en KL son aquellos de las dos noches que pasamos entre amigos, charlas, recuerdos viajeros, alguna cerveza y un Durian más de la cuenta. 🙂

Nada más llegar a Kuala Lumpur dejamos nuestras mochilas en la habitación-zulo que nos encasquetaron, tapizada de plastico y sin ventanas, y nos lavamos rapidamente en las duchas comunes del baño del hostal…sí, habéis entendido bien, duchas en la cocina! Volviendo a pensarlo, con estas premisas, estaba claro que la noche iba a resultar inolvidable. 🙂
Claro que de un sitio llamado “Submarine” no podíamos esperarnos demasiado…

Lety y Rober, una pareja italo-española  como nosotros (pero al revés), nos esperaban en la entrada de Jalan Petaling, una concurrida calle semi-peatonal del Chinatown de KL, junto con otros dos amigos suyos, también viajeros: una argentina llamada Angie y el madrileño Felipe. Nos llevaron a cenar al Lai Foong Restaurant, que no es un restaurante propiamente dicho, sino más bien un conjunto de puestos callejeros ordenados por el perimetro de un amplio local al borde de la centralísima Jalan Tun H S Lee. En el centro del local hay mesas y sillas para los comensales, que pueden pedir distintos platos de la cocina chino-malaya, entre los cuales destacan unos deliciosos noodles, en cualquiera de los puestos y cocinas al aire libre.
Los sabores deliciosos que nos rodeaban y las conversaciones despreocupadas enlazadas alrededor de la mesa redonda hicieron que el tiempo volara, y pronto Angie se separó del grupito. Pero los demás estábamos lejos de poner punto y final a la noche, que no solo nos dio la oportunidad de descubrir la afinidad con Lety y Rober y disfrutar de su humor y energía, sino que nos regaló también una de las personas más bellas que nos hemos encontrado en el camino: Felipe, con su “viaje sin limites”.

En el hostal de Felipe

Después de cenar nos compramos cada uno una lata de Camel, una cerveza horrible de 500 ml y 12%, que nos bebimos entre recuerdos y experiencias viajeras en el hostal de Felipe. Este, entre otras cosas, tenía el mismo nombre que el nuestro, posiblemente el mismo dueño, pero compararlos sería como enfrentar un jardín en flor con un parking subterráneo abandonado. Este hostal era luminoso, ordenado, con sensación de limpieza y un encargado muy permisivo, de sonrisa fácil y un poco Narciso (no perdió la ocasión de quitarse la camiseta para presumir de su cuerpo de gimnasio, como Felipe nos había dicho que pasaría). El nuestro era oscuro, algo sucio, desordenado, con los baños en la cocina, las habitaciones sin ventanas y un encargado que se parecía algo a Jabba el Hutt…
Estuvimos encantados de tomarnos nuestras birras allí y no en nuestro zulo…la comparación entre los dos sitio fue también motivo de sonoras risotadas, sin duda alimentadas también por el alcohol. 🙂

Fiesteros Viajeros

Se nos hizo demasiado tarde para pode seguir tonteando en el hostal sin molestar a nadie, así que hicimos acopio de cervezas en el 7Eleven de la esquina, ya bastante alegres, y decidimos terminar la noche en los escalones de la plaza Merdeka. Fue un gran escenario para una noche mágica, divertida y despreocupada.

Repostando cerveza en el 7eleven

Celebrando la vida en Merdeka

Acordamos vernos el día siguiente para comer juntos en el Central Market, a dos pasos de nuestro hostal, pero al despertar nos encontramos en un estado lamentable: el calor, la falta de circulación de aire en la habitación y la resaca de Camel nos hicieron perder la ocasión de despedirnos de Lety y Rober, que ya iban de camino al aeropuerto cuando por fin logramos arrastrar nuestros cuerpos al mercado.
Conseguimos en todo caso quedar con Felipe para cenar y nuevamente fue una gran noche.

Hicimos pasear al pobre chaval hasta Jalan Alor, que un año antes nos había encantado con las especialidades ahumadas del restaurante Wong Ah Wah, para al final descubrir que no solo el restaurante era el único que estaba cerrado en toda la calle, sino que los precios del resto de los locales de la zona habían aumentado visiblemente (malditos sean la Lonely Planet y sus recomendaciones publicitarias). Encontramos un puestecillo callejero donde cenamos una sopa de fideos nada mal, pero Felipe y yo (Francesco) nos amargamos el paladar con un desafío que parecía mala idea desde el principio: probar el Durian.

Durian

El Durian es una fruta un poco controvertida y, cada vez que la veo o escucho su nombre, pienso en la India. No es que yo haya estado nunca en la India, pero es muy común escuchar a viajeros decir que la India o la odias o la amas. Pues eso, el Durian o lo odias o lo amas, no te puede dejar indiferente. No es como una manzana, o un platano, que te lo comes sin pensar…no. Antes que nada, su forma no pasa desapercibida, parece uno de esas mazas de pinchos que llevan en la mano los energúmenos de las pelis de la edad media. Es verde, pero cuando lo abres su pulpa es amarilla, como un mango algo verde…¡vaya lío!

Pero cuando lo abres no es tanto su color el que llama la atención, sino su olor. ¿Como puedo explicarlo sin resultar desagradable? Dejadme pensar…no, no puedo: atufa a vomito. Sí, en serio…¿y como es que lo venden? Pues, no se, la duda es licita: si lo venden, la gente lo compra y se lo come, tan mal no estará…¿no?
Pues no, efectivamente, ¡está todavía peor de lo que cabría esperar! No solo su consistencia es blanducha y hebrosa,  sino que también su sabor es verdaderamente asqueroso. Si no hubiera resultado algo maleducado escupirlo, y más enfrente del vendedor, lo hubiera hecho encantado.

El pobre Felipe se ofreció voluntario como conejillos de indias para un video explicativo…¡hay que reconocer que el chico sabe disimular muy bien! 😉

Moraleja de toda la historia: viajar es bonito también por las experimentaciones que implica. Te acerca a culturas, idiomas, musica, costumbres, lugares y comidas completamente distintos a los que estas acostumbrado. Es una experiencia magnifica, te enriquece más de lo que pueda parecer. Pero como cada experimento, no siempre sale bien.
Si queréis probar el Durian, adelante, probadlo, os animamos a hacerlo…¡pero luego no nos digáis que no os lo habíamos advertido! 😉

Decidimos dejar la experimentación culinaria de momento e ir a deleitarnos con el espectáculo ofrecido por las Patronas por la noche. Son muy bonitas desde la plaza a sus pies, sin duda, pero Felipe tenía pensado algo mejor.

Hay un hotel de lujo en el barrio KLCC (Kuala Lumpur City Centre), se llama Traders Hotel, famoso por su Sky Bar, que además de preparar bonitos cocktails en un ambiente muy chic, con piscina central, musica chill-out y comodos sofás, ofrece una vistas frontales de las torres gemelas de KL que quitan el aliento. Y allí era adonde Felipe se propuso llevarnos.

Traders Hotel - Sky Bar

Después de un paseo surreal y varias vueltas a lo tonto en la oscuridad en el KLCC Park, enfrente de las Petronas, perseguidos por un personaje algo improbable, que se parecía a un Cazafantasmas, disparando humo con una especie de aspirador portátil que llevaba colgado en los hombros como una mochila, llegamos a la entrada del hotel.

No sabíamos si había que estar alojados en el hotel para acceder al bar, ni mucho menos si se requería cierto tipo de vestimenta para entrar, pero lo que sí estaba claro era que nosotros íbamos de turistas, y se veía a la legua: sandalias, pantalones cortos, camisetas en plan batalla, mochila y cámara de fotos…solo María iba algo arreglada, pero con dos acompañantes como nosotros no podía disimular mucho. Seguramente íbamos a llamar la atención. Pero entramos con paso firme en el hall y nos dirigimos sin dudarlo a los ascensores.

Primera buena noticia: no hacía falta la tarjeta magnetica de la habitación para llegar al bar, con lo cual llegamos a él sin problemas. Pasamos por delante del hombretón de traje y corbata que custodiaba la entrada al bar, le regalamos un saludo y una sonrisa y obtuvimos como respuesta que nos abriera la puerta de cristal y nos invitara a entrar. ¡Misión cumplida!

Ahora no quedaba otra cosa que disfrutar de las vistas y sacar alguna foto sin llamar demasiado la atención, para evitar que algún camarero nos invitara a tomar algo demasiado caro para nuestros bolsillos o, de lo contrario, a salir. El bar estaba frecuentado por ese tipo de gente que puedes esperar encontrarte en un hotel 4 estrellas lujo, por lo que no fueron pocas las miradas que nos dedicaron…pero nadie nos molestó, y por lo visto nosotros tampoco molestamos a nadie. Yo tenía miedo de resbalarme por la estrecha pasarela que recorría la piscina al lado de las vidrieras principales, terminar en el agua con todos mis complementos y hacer el ridículo delante de todo el mundo. Afortunadamente no pasó nada por el estilo, sacamos alguna foto de recuerdo y estuvimos contemplando el esplendor de las torres Patronas, que brillaban como joyas sobre el telón oscuro de la noche de Kuala Lumpur.

Torres Petronas desde el Traders Hotel

Dejamos a Felipe entre fuertes abrazos y la promesa de mantenernos en contacto e intentar vernos de nuevo tarde o temprano. Todavía no hemos conseguido reencontrarnos, pero estamos encantados de tener a un nuevo amigo como él, que nos escribe a menudo.

Es incredibile como algunas situaciones, que solo se hacen posibles fuera de los limites de una vida hecha de rutinas y compromisos, lleven a encontrarse a personas lejanas y distintas, para hacerles descubrir lo a gusto que se puede estar con alguien que se acaba de conocer. Letizia, Roberto y Felipe nos han hecho pasar dos días en Kuala Lumpur que no olvidaremos nunca.

Entonces tocaba hacer algo de turismo puro y duro por la ciudad, pero esta es otra historia… 😉

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4 comentarios en “Noches mágicas en Kuala Lumpur

  1. A parte de hacerme volver a esas dos estupendas noches, me habéis emocionado!!
    Me encanta, y no solo por lo bien que habláis de mi =)

    Seguid contándonos vuestro estupendo viaje y… nos vemos en cuanto estemos en el mismo país 😉

    Un abrazo enorme!!!

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