De camino a Islandia

No hay muchas maneras de llegar a Islandia desde Europa. La más fácil y rápida es por aire con un vuelo directo a Keflavik, el único aeropuerto internacional del país, pero a nosotros lo fácil no nos gusta demasiado. Bueno, vale, también está el tema del avión, que María odia, ¡pero no seamos puntillosos! Y por si no fuera suficiente con esto, los alquileres de furgonetas en Reykjavik estaban por las nubes (a pesar de ser temporada baja).

¿Las buenas noticias? Hay otro modo de llegar a la isla. Requiere más tiempo, sin duda, y alguna comodidad menos, quizás, pero la verdad es que nos pareció lo mejor, tanto económicamente como por intentar viajar de una manera más original y un poco distinta a la habitual: ¡el barco!

La compañía Smyril Line, con su MS Norrøna, ofrece un servicio de pasajeros y transporte de vehículos entre Hirtshals, en el norte de Dinamarca, y Seyðisfjörður, un pequeño pueblo del este de Islandia, pasando por Tórshavn, la capital de las Islas Faroe. Cada semana el ferry deja Dinamarca y tras tres días de navegación llega a uno de los fiordos orientales de Islandia, donde pasa una noche y vuelve a surcar el Atlántico y el Mar del Norte de retorno al continente.

Si parte del plan consistía en evitar aviones, no tenía sentido llegar a Dinamarca por aire para luego desplazarse al puerto de Hirtshals por carretera. Es más, en Seyðisfjörður no hay oficinas de alquileres de coches o furgonetas, así que lo suyo era llegar a Dinamarca ya provistos de vehículo. Explorando el abanico de opciones de alquiler de furgonetas con cama y cocina en Europa, descubrimos que la compañía Wicked Campers, famosa sobre todo en Australia y Nueva Zelanda y cuyos campervans habíamos visto a menudo en nuestros anteriores viajes por las antípodas, ya tenía oficinas en el viejo continente. Precisamente en Barcelona, muy cerquita de donde estábamos por aquel entonces.

Además, descubrimos que alquilar la opción de furgoneta más barata (dos plazas, cama doble y cocinita portátil) en temporada baja y durante más de 30 días, resultaba un chollo comparado con los precios ofrecidos en Islandia.

Hicimos cuatro cálculos y, recogiendo la furgoneta en Barcelona el 25 de Abril y devolviéndola en Amsterdam el día 1 de Junio, no solo nos aseguramos 3 semanas enteras en Islandia, los 6 días de ferry y un descuento muy consistente, sino que también nos daba tiempo atravesar Europa de España a Dinamarca con bastante calma en una semana.

Otra ventaja más: al salir desde España podíamos comprar reservas de comida para varias semanas, reduciendo al mínimo la compra de alimentos en Islandia, donde el supermercado más barato sigue teniendo precios muy por encima de la media española. Nosotros lo hicimos y no pasó nada, pero queremos avisaros que en el barco una pareja de viajeros italianos nos advirtió de que en la frontera, al bajar del ferry, iba a haber un control y que supuestamente no se podían llevar mas de 3 kg de comida por persona. No lo pudimos comprobar personalmente porque en la frontera solo nos preguntaron cuanto tiempo íbamos a quedarnos y si llevábamos equipo de pesca. Sin embargo, nos informamos a la vuelta y es cierto que hay limitaciones. Podéis encontrar los detalles en inglés en este enlace. Al loro…

Esta fue nuestra hoja de ruta hasta llegar a Islandia:

25/4: de Calatayud a Barcelona en tren y de Vilassar de Mar a Narbonne, Francia, ya con nuestra furgoneta Wicked

26/4: de Narbonne a Lyon

27/4: de Lyon a Reims

28/4: de Reims a Gent, Bélgica, pasando por Hallerbos

29/4: de Gent a Hengelo, Holanda, pasando por Kinderdijk

30/4: de Hengelo a Aabenraa, Dinamarca, pasando por Flensburg, Alemania

01/5: de Aabenraa a Hirtshals

Road Trip Europa parte 1

La recogida de la furgo fue lisa como la seda. Nick, el chico australiano al mando de la sucursal de Barcelona, nos recogió en la estación de Vilassar de Mar y nos llevó hasta el taller, donde nos entregó esta maravilla…

La furgo

Lo malo de Wicked Campers es que no te proporcionan ni sábanas, ni almohadas, ni mantas…solo unas colchonetas. Pero la verdad es que, a pesar de tener que llevarnos todas estas cosas desde casa, lo cual aumentó considerablemente el tamaño y el peso de nuestras mochilas, uno se acostumbra rápido. Si hiciéramos de nuevo el mismo viaje, volveríamos a reservar la misma furgoneta.

Interior de la furgoneta
Cama de la furgoneta

Nuestro paso por Francia fue algo desgraciado. Empezó a llover en cuanto pasamos la frontera desde España…el primer día se aclaró justo (y afortunadamente) cuando llegamos a un camping cerca de Narbonne. El día siguiente fue un no parar, empeorado por los absurdos precios del acceso al Pont Du Gard, que terminamos por pasar de largo, y por la malísima idea de meterse (y perderse) en el centro de Lyon para evitar pagar peajes de autopista.

Lo bueno de evitar las autopistas es que se atraviesan zonas rurales y hay que reconocer que los pueblos por los que pasamos en la región de Languedoc-Rosellón eran muy cucos. Aún así no pudimos parar y disfrutar de ninguno de ellos porque las nubes no se levantaron en todo el día y el agua no dejó de caer a cántaros.

Francia lluviosa

Desesperados por la falta de tiempo, de luz (la histérica aventura por las calles de Lyon nos había costado por lo menos un par de horas) y de un sitio donde poder pasar la noche con la furgo, decidimos meternos en la autopista y dormir en una de las áreas de descanso. Fue un acierto y no fuimos lo únicos que decidieron parar varias horas para dormir en el aparcamiento. El aparcamiento estaba muy bien y la tienda y los baños estaban abiertos las 24 horas. Todo esto nos proporcionó una costante sensación de seguridad, y sin pagar un duro. ¿Lo mejor de todo? Las duchas: limpias y gratuitas.

Al día siguiente decidimos ceder y pagar el peaje de autopista para recorrer los kilómetros que nos separaban de Reims y de este modo avanzar mas rápido y dejar el país cuanto antes ya que parecía que solo nos iba a regalar días de lluvia. Quizás no fuese tan buena idea, las autopistas francesas son muy caras. Del norte de Lyon hasta Troyes, unos 350 km, pagamos 29 euros y por supuesto no disfrutamos de ningún bonito paisaje por el camino, solo de más coches y camiones.

Eso sí, llegamos a Reims a una hora muy decente por la tarde. El sol se había hecho un hueco entre las nubes y encontramos un camping muy sencillo, pero acogedor y barato, a las puertas de la ciudad.

Catedral de Reims

Interior de la catedral de Reims

Vidrieras de la catedral de Reims, M. Chagall

Reims

No dedicamos mucho tiempo a Reims, era solo una excusa para ver un sitio nuevo y romper un poco la rutina de carretera que llevábamos arrastrando desde Barcelona. Sin embargo, lo poco que vimos nos gustó bastante. Nos pareció un lugar agradable para pasar un día de primavera, perdiéndose entre las callejuelas y disfrutando de la bollería francesa en algún café con aire bohemio. La mala suerte en todo caso no dejó de hacer acto de presencia, plantándonos unos andamios enormes en la fachada de la catedral, símbolo y lugar emblemático por excelencia de Reims. En fin, que le vamos a hacer…

Fachada de la catedral de Reims

Dejamos atrás Francia para zambullirnos en el tráfico loco de las penosas carreteras belgas, que son un auténtico desastre y un hervidero de camiones. No es tarea grata la de cruzar el país en coche. Afortunadamente el día nos regaló una maravillosa visita al bosque Hallerbos, a las afueras de Bruxelles, donde los jacintos silvestres ya en flor ofrecían un espectáculo de singular belleza.

Hallerbos

Tuvimos tiempo también de parar en Gent, una bonita ciudad que surge en la confluencia del río Leie con el Schelde, y que ofrece la mayor concentración de edificios históricos entre las ciudades flamencas. Si quieres saber más tanto de Hallerbos como de Gent, pronto el articulo sobre nuestro paso por Bélgica estará disponible pinchando aquí.

Gent

Ya con Bélgica a nuestras espaldas atravesamos Holanda en un día, parando solo para visitar el impresionante conjunto de molinos de Kinderdijk (del que pronto podrás saber más pinchando aquí) y para pasar la noche en un sencillo y baratísimo camping en Hengelo, cerca de la frontera con Alemania.

Kinderdijk

Cruzar Alemania fue toda una odisea. Cuando los teutones se hinchan de orgullo hablando de su precisión y orden se pasan tres pueblos. Los atascos monumentales los hay tanto en las maltrechas autovías montanas del sur de Italia, como en las lindas y rectas de Alemania. Eso pasa cuando quieres hacer 30 obras en el mismo tramo de autovía que une ciudades tan “pequeñas” como Bremen y Hamburgo. Total, después de varías horas literalmente parados en la carretera, conseguimos cruzar la frontera en Flensburg y pasar nuestra primera noche en Dinamarca en Aabenraa.

Atascos alemanes

El último día fue solo un corto recorrido hasta Hirtshals, donde llegamos por la tarde. Dimos una vuelta de reconocimiento por el puerto para averiguar de donde salía el ferry el día siguiente (no hay perdida, está muy bien indicado) y dimos un paseo por los prados alrededor de nuestro camping. En él tuvimos la oportunidad de charlar con su dueño, un chico alemán muy majo que nos hizo un descuento, y su mujer de El Salvador que estuvo encantada de poder hablar un rato en castellano. El chico había trabajado anteriormente para Smyril Line y nos recomendó presentarnos con bastante antelación en el puerto el día siguiente. Debido a las condiciones meteorológicas con frecuencia inclementes del Mar del Norte, el capitan del MS Norrøna decide a veces zarpar antes de la hora prevista para adelantarse a posibles borrascas. La recomendación general es estar en el puerto por lo menos 2 horas antes del embarque (2 horas y media si se viaja entre Junio y Agosto).

Hirtshals

El día 2 de mayo el ferry partió de Hirtshals para llevarnos hasta Islandia después de tres días de navegación (pronto podrás saber más sobre el viaje por mar, pinchando aquí), listos para empezar una de las aventuras viajeras más grandes y sorprendentes que hemos emprendido.

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