U.S.A. – parte 2

Esta segunda etapa del viaje por Estados Unidos empezó en el momento en que dejamos a los padres de María en el JFK de New York City, tras pasar con ellos 3 semanas por el noreste del país.

Al quedarnos solos otra vez después de pasar tanto tiempo juntos metidos en una furgoneta, inicialmente nos sentimos algo desprotegidos y nostálgicos. No teníamos ni idea de las aventuras que estaban por llegar, buenas y malas, pero todas increíbles y que todavía hoy, a casi un año de distancia, nos ponen la piel de gallina.

Estados Unidos nos ha regalado momentos de vida viajera únicos, paisajes que no caben en una mirada y que quitan el aliento, personas tan bellas que ojalá pudiéramos verlas más a menudo…pero en el momento de salir del JFK y empezar otra semana más en New York City, más bien pareció que todo iba a ser una pesadilla.

Compartimos un micro-piso en Brooklyn con un estadounidense, un colombiano, un brasileño, dos franceses y faltó poco para que se sumaran dos españoles…todo esto durante una intensa ola de calor, mientras buscábamos algo de tranquilidad para planificar nuestra ruta por Norteamérica.

Pasamos quizás la peor noche del viaje entre Brooklyn, Staten Island y Wall Street, maldiciendo a nuestra anfitriona de Airbnb y su poca vergüenza, sudando la gota gorda de un lado para otro en New York con un calor que asfixiaba y todas nuestras pertenencias encima.

Encontramos un remanso de paz en un pisito más majo que las pesetas en Staten Island, donde pasamos de querer abandonar el viaje a poner las bases del road trip más satisfactorio de nuestras vidas.

Nos estrenamos con los trenes de Amtrak, yendo de New York a Illinois, pasando por Pittsburg en un día de viaje de lo más agradable. Amamos Chicago, y sobre todo a ese chico especial que nos trató como si fuéramos su familia, nos abrió las puertas de su casa, de su mundo, de su ser más profundo para enseñarnos como una persona tan distinta a ti puede ser algo que llegues a querer en tan solo pocos días.

Millenium Park, Chicago

NYC-Chicago

Todo esto fue solo un abrir y cerrar de ojos, un par de semanas nada más. Comparado con lo que iba a venir después, fue un granito de arena.

En Chicago decidimos alquilar un coche pequeño con budget.com, compramos una tienda de campaña, una nevera portátil, un hornillo y algunos utensilios de camping y nos lanzamos a la carretera. Empezamos un road trip en el país donde este tipo de viaje es parte del ADN de sus habitantes.

Esta forma de viajar se nos metió tan por debajo de la piel que a la hora de desprendernos de nuestro vehículo para coger un avión low-cost a Vancouver, decidimos renunciar a los billetes y prolongar el alquiler del coche, recorriendo otros 3 estados más, hasta la mismísima frontera con Canadá, pero en la otra costa respecto a donde habíamos empezado la aventura americana. Y al final dejamos Estados Unidos porque se nos acabaron los 3 meses de visado: de lo contrario hubiéramos seguido explorando sus maravillas encantados unos meses más.

Chicago-Vancouver

Atravesamos las grandes llanuras del centro del país rumbo al oeste, cruzando Wisconsin, Minnesota y por fin entrando en South Dakota, pasando por encima de dos de los grandes iconos americanos: los ríos Mississippi y Missouri.

Grandes Planicies del Noroeste

Llegamos a South Dakota para maravillarnos con sus áridas Badlands y los encantados bosques de las Black Hills, sin dejar pasar por alto nuestro primer “gran cañón” de este viaje, el Big Horn Canyon en la frontera con Montana.

Hasta tuvimos la gran suerte de encontrarnos en esa región del país justo para el comienzo de la mayor concentración de motos del mundo, el Sturgis Motorcycle Rally 2015, que en ese año cumplía su aniversario numero 75. Tardamos semanas en dejar de notar el zumbido de los motores de las Harley-Davidson en nuestros oídos.

Badlands NP, South Dakota

Sturgis Motorcycle Rally, South Dakota

Entramos en el Oeste, el de los exploradores Lewis y Clark, por Wyoming, dirección al más que famoso Parque Nacional de Yellowstone. Nos empapamos de su belleza y de sus colores sobrenaturales, para luego cruzar el estado de norte a sur, bordeando las montañas del Parque Nacional del Grand Teton hasta llegar al Red Desert, en la frontera con Utah.

Yellowstone NP, Wyoming

Descubrimos uno de nuestros grandes amores de este largo viaje: el espectacular estado de Utah, sus parques nacionales y sus colores casi marcianos. Pasamos dos semanas entre los delicados arcos del Arches National Park, admirando los espectaculares cañones de Canyonlands y descubriendo antiguos petroglifos indios en las paredes del Capitol Reef. Paseamos fascinados entre los hoodoos del Bryce Canyon y vencimos al vértigo accediendo a las cumbres del Zion National Park. Parecía mucho, y lo fue…con el doble del tiempo todavía nos hubieran faltado días y semanas para conocer todas las maravillas que este estado encierra en sus entrañas desiertas y salvajes. Aún así sacamos tiempo para llegar hasta el famoso Monument Valley, dibujar alargadas sombras danzantes al atardecer en el Coral Pink Sand State Park, bañarnos en un impresionante lago artificial acompañados por la Lone Rock y para participar (¡dos veces!) sin éxito en la lotería de Kanab con el sueño (todavía presente) de poder visitar el famoso The Wave.

Arches NP, Utah

Bryce Canyon NP, Utah

Después de Utah vino Arizona, con su magnífico, espectacular y monumental Grand Canyon, cuyos colores, dimensiones, luces y sombras, fauna y belleza justifican ampliamente su apodo. Nos centramos en la parte del parque nacional que se asienta en la orilla sur del río Colorado, denominada South Rim. Ojalá podamos volver para otra vez deleitarnos con los paseos en esta zona y también tener la ocasión de explorar la parte más salvaje del parque, en la otra orilla, el North Rim.

Grand Canyon NP, Arizona

Finalmente llegaba la hora de tomarse una especie de descanso, así que paramos 4 noches en Las Vegas.
¿Descanso y Las Vegas en la misma frase? Pues sí…y mucho. Debido a un problemilla con nuestra reserva de motel, la página booking.com nos ofreció una estancia en un hotel mucho mejor al mismo precio. Pasamos 4 días descansando, tomando el sol y disfrutando de la tranquilísima piscina que nos había tocado. Aún así, hubo tiempo de darnos un paseo por el famoso The Strip, alucinar con sus luces y casinos, y pasear por la downtown histórica de la ciudad.

Viva Las Vegas

Tras relajarnos unos días en la ciudad del pecado y cambiar nuestro querido Ford Focus por un muy incómodo Hyundai Elantra debido a un percance técnico, nos encaminamos hacía California. Entramos en ella por el famosísimo Death Valley National Park, donde nos asamos como pollos con temperaturas superiores a los 50°C, para luego desviarnos hacía el sur y pasar un día estupendo en un pequeño parque llamado Joshua Tree National Park, toda una agradable sorpresa en nuestra ruta. Cambiamos los planes iniciales y bajamos hasta casi la frontera con México, para encontrarnos con una amiga y travel blogger por primera vez. Y menos mal que lo hicimos: pasamos un día estupendo en compañía de Silvia, mitad femenina de Un Cambio de Aires.

Death Valley NP, California

Pizza con Silvia en San Diego

Al despedirnos de Silvia, tomamos direcciones opuestos: ella volvió a México donde le esperaba su pareja en Baja California, mientras nosotros poníamos rumbo a Los Angeles, decididos a viajar por la costa californiana hasta San Francisco. Los Angeles, Hollywood, la costa hiperurbanizada y abarrotada de tráfico nos decepcionaron tanto que decidimos pasar de largo y meternos al interior. Recorrimos deprisa el Sequoia National Park, debido a un gran incendio que lo estaba devorando junto con su vecino, el Kings Canyon National Park, cerrado debido al humo. Llegamos a las cumbres y los valles espectaculares del Yosemite National Park, que tampoco pudimos apreciar demasiado. Era el fin de semana del Labour Day y todo el país parecía haber salido de excursión al campo, no había alojamiento en ningún camping y fue complicado encajar nuestra ruta dentro de las pocas plazas todavía disponibles. Cruzamos Yosemite, pasamos por el Mono Lake, el Lake Tahoe, y llegamos a otra pequeña joya escondida de California: el Lassen Volcanic National Park. Un Yellowstone en miniatura, sin tantas aglomeraciones de turistas y suficientemente pequeño como para poder verlo decentemente en un solo día.

Yosemite NP, California

Nos aceramos a la frontera con Oregon pasando enfrente del imponente Mount Shasta y nos dirigimos a uno de los lugares más maravillosos que nos hemos encontrado en nuestro periplo por el mundo, el Crater Lake National Park. Un lago color cobalto nacido dentro de un enorme cráter volcánico de 35 kilómetros de circunferencia y casi 600 metros de profundidad, que, a parte de ser el mas hondo del país y unos de los embalses de agua más puros del mundo, destaca entre las 7 maravillas del estado de Oregon. Y con mucha razón.

Crater Lake, Oregon

Oregon fue capaz de sorprendernos también con las formaciones rocosas del Smith Rock State Park, la meca de muchos escaladores de la región, y las colinas aterciopeladas denominadas Painted Hills, con sus increíbles colores amarillos y rojizos. Vimos a lo lejos la mole del Mount Hood, otra de las maravillas del estado y paraíso de los excursionistas, antes de llegar a la mágica garganta del río Columbia, una franja verde esmeralda rica de densos bosques y potentes cascadas, que separa los estados de Oregon y Washington.

Painted Hills, Oregon

Y por fin llegamos al final de este increíble y sorprendente road trip cruzando la frontera con Canadá, en dirección a Vancouver. Los casi 3 meses en Estados Unidos nos habían hecho enamorar de sus paisajes, de sus espacios y también de la amabilidad algo bobalicona de sus gentes, siempre disponibles para una buena charla, donde fuera, cuando fuera. Tuvimos el tiempo justo para hacer una escapada urbana en Seattle, disfrutando enormemente de su característico Public Market y de su aire casi europeo.

Public Market, Seattle

El icono definitivo de los grandes paisajes americanos fue el Mount Rainier, immenso volcán durmiente de casi 4400 metros que domina el horizonte y que, en nuestro último atardecer en suelo estadounidense, se tiñó de un precioso color rosa. Nos lo tomamos como un último saludo, ya que el día siguiente Seattle amanecería bajo nuestra primera lluvia en mucho tiempo, que nos seguiría hasta Canadá. Estados Unidos lloraba nuestra partida…y nosotros casi lloramos también.

Nunca hubiéramos podido imaginar que un país sobre el que teníamos tantos prejuicios podría regalarnos tantas grandes emociones. Y es que viajando siempre aprendes algo, incluso de ti mismo.

Si quieres conocer en detalle todas las etapas de nuestro road trip por Estados Unidos, pincha aquí.

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