U.S.A. – parte 3

Cuando nuestro recorrido con el The Canadian se aproximaba a su fin, allá a principios de Octubre 2015, ya teníamos una fecha de regreso a Europa establecida. El día 30 de Octubre un barco de la Holland America Line nos iba a llevar por el Atlantico de vuelta a Europa, dando por finalizada nuestra larga e inolvidable etapa por Norteamérica.

Solo quedaba una cosa por definir: quedarnos en Canadá hasta finales de mes, para luego dirigirnos a Miami y embarcar rumbo al este, o abandonar Canadá antes de tiempo y pasar unas pocas semanas más en Estados Unidos? La duda nos mantuvo ocupados durante unos días, pero la decisión básicamente la tomó VIA Rail, la compañía de ferrocarriles de Canadá.

La idea original era pasar unos días en Toronto y luego entrar en Quebec, la provincia francofona de Canadá, y visitar Quebec City, Montreal y algunos parques naturales entre las dos ciudades. Eso llevaría mas o menos dos semanas, lo cual nos dejaría unos cómodos 4 días para cruzar la frontera y llegar a Miami en tren.
Sin embargo el destino quiso que los billetes de tren para Montreal, que hasta unos pocos días atrás costaban solo unos diez o quince dólares, subieran por encima de los 200. Quien dice destino dice día de acción de gracias.
El precio desorbitado, causado por el aproximarse de está festividad canadiense (que no es la misma que en EEUU…hay que fastidiarse!), nos empujó a decir adiós a un país que nos pareció increíblemente atractivo para volver a los brazos de otro, que tan solo 4 semanas antes nos había arrancado algunas lagrimucha al despedirnos de él.

El plan que surgió de un día para otro fue sencillo: al no haber tenido casi ningún día de relax y playa desde que salimos de Malasia, unos meses atrás, por qué no bajar directamente de Toronto a Miami y disfrutar de unos 20 días en Florida? Por algo le llamarán “The Sunshine State”!

Y fue así que pusimos rumbo a Miami!

EEUU parte 3

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Antes que eso, de todas formas, hubo que rendir homenaje una vez más la ciudad que más he llegado a detestar en este viaje: New York City. Ya…sí, lo se…NYC mola. Pero tres veces en menos de 4 meses es demasiado. Resulta que no hay manera de enganchar una llegada de Toronto con una salida a Miami…hay que dormir en la Gran Manzana. Y cual es el problema, diréis vosotros? Pues el problema es que estábamos hartos de pagar una fortuna para dormir de malas maneras en cualquier lado. Qué caro es todo en New York! 😦 No hubo manera de encontrar un couchsurfing, así que optamos por Airbnb…y la verdad no nos fue tan mal. En Brooklyn, un chico muy majo llamado Alessandro (que a pesar de su nombre no hablaba ni una palabra de italiano) nos dejó su habitación por la mitad de lo que questa una litera en un hostal y nos puedo a disposición su pisito más mono que para que durante dos días. Lo más gracioso de todo? Quedaba a unos pocos minutos andando del Albero dei Gelati, nuestra heladería favorita del mundo mundial, donde mis vecinos de pueblo italianos nos esperaban una vez más con los brazos abiertos (vale, no nos esperaban…pero bueno, allí estaban), con sus deliciosos helados. La última noche antes de coger el tren la tuvimos que pasar en el Upper West Side de NYC, en un hostal, pagando demasiado para recibir demasiado poco…pero no quedaba otra opción. Así al menos pudimos visitar un Trader Joe’s y comprar más caramelos de jengibre, que son la bomba!

Helado en Brooklyn

NYC

Después de veinte y pico horas de viaje, desde Central Station hasta Miami, en uno de los trenes más incomodos de la historia, por fin llegábamos a Florida. Bienvenidos a Miami! Y nunca mejor dicho, en Castellano, ya que nada más bajar del tren, el idioma oficial cambió del ingles al español latino…una pasada! Llegamos a nuestro pisito en primera linea de playa en Miami Beach, con toda la ilusión del mundo, pero el “Sunshine State” nos iba a jugar una mala pasada. Solo pudimos disfrutar de la playa la primera mañana, cuando unas nubes grises y amenazadoras se acercaban desde el horizonte.

Baywatch

Miami Beach

A partire de la hora de comer empezó a llover…y eso que la gente decía “buah, no se preocupen, acá nunca llueve mucho tiempo seguido…en unas horas sale el sol de nuevo”. Ya…pues el sol no volvió a salir en 4 días. Así que ni playa, ni olas, ni tomar el sol ni leches…solo esporádicos paseos por las calles mas emblemáticas de Miami Beach, con sus edificios art decó…que eso sí, son una monada, tanto de día como de noche.

Atardecer en Miami Beach

Por las calles de Miami Beach

La noche de Miami Beach

Luces de Miami Beach

Con la moral por los suelos recogimos nuestro coche de alquiler y nos lanzamos hacia las Florida Keys, las famosas islas que se desprenden de la punta sur de Florida hacia Cuba como una collar de perlas, enlazadas entre si por la Overseas Highway, la autovía flotante que une todos los cayos con la tierra firme.

Overseas Highway

En Key West, la última de las islas, la moral volvía a subir. Estábamos alojados en un hostal muy cuco, bueno, bonito y barato, donde también conocimos a un chico muy interesante y muy, pero que muy guapo (y lo digo yo que soy hombre) llamado Yan con el que pasamos un rato agradable charlando sentados en el borde de la piscina.

NYAH Key West

El mar estaba muy cálido y sus colores eran preciosos…y hasta vimos muchos delfines acercarse a pocos metros de la orilla. A María, cuando los vio, casi le dio un chungo de la emoción.

Key West

La puesta de sol fue de película total, con el disco dorado del sol lanzándose despacito en la calidad aguas del mar del caribe. Y el sol brilló con toda su fuerza, dejándonos llenos de esperanza para los siguientes días en Florida.

Atardecer en Key West

Lastima que solo estuvimos dos noches, porque hubiéramos podido quedarnos allí hasta el día de la salida del barco aprovechando el buen rollo y el buen tiempo. Pero no, nos movimos a otro cayo, en un sitio mucho más caro y con nada de encanto, para poder visitar el Bahia Honda State Park…que sí, vale, es muy mono, pero hubiéramos podido visitarlo igualmente desde Key West sin problemas.

Bahia Honda State Park

Volvimos a pisar tierra firme cerca del galardonado Everglades National Park, famoso por sus manglares, llanuras interminables cubiertas de vegetación e inundado permanentemente por una poco profunda capa de agua. Es la casa de muchas especies de volatiles y reptiles, incluidos los famosos caimanes.
Everglades

Caiman

A parte estos últimos, el parque en si no tiene mucho que ofrecer. Los paseos son muy reducidos, hay muchos mosquitos y si se quiere explorar un poco más la zona hay que hacerlo en embarcaciones propulsadas por enromes helices que parecen ventiladores gigantes montados en la popa del barquito…y considerando los precios desorbitados, optamos por pasar.

La siguiente etapa fue Sarasota, una ciudad costera, donde dormimos en casa de una señora con ciertos problemas de alcohol, cuyo hijo tenia todas las papeletas para convertirse en un serial killer, y cuyo micro-perro tenía la desagradable costumbre de lamerle las piernas a todo cristo que metiera pié en casa  (cosa que solventamos embadurnándonos de spray antimosquito…el chucho dejó de darnos el tostón después del primer lametazo).

La razón de nuestra visita a Sarasota era la playa de Siesta Key, que efectivamente es muy bonita, con su fina arena blanca que cruje bajo los pies y sus cálidas puestas de sol.
Tampoco la disfrutamos mucho, debido a las nubes, pero a pesar del clima inestable, hay que reconocer que es un rincón muy agradable…y por la noche siempre se monta alguna fiesta hippie que merece la pena presenciar. 😉

Siesta Key

Atardecer en Siesta Key

La ultima etapa fue un gran error. Pernoctamos dos noches en un apartahotel poco lejano de Sanibel Island, una isla muy recomendada por sus playas cubiertas de conchas.

La isla sin embargo está completamente cubierta de casas, se paga para acceder a ella por un puente, casi todas las playas son privadas (de hoteles, resort o privados) y las pocas publicas se pagan (y mucho). Como no hay aparcamientos para visitantes en las calles de la isla (son solo para residentes), si se quiere ver una playa hay que pagar el parking…y menudo robo: 3 dolaracos cada hora!!

La playa que elegimos, además, a pesar de estar recomendada por las guías y varios foros en internet, no tenía nada especial. El día era muy pocho, no apetecía bañarse y las conchas…bueno, sí, había, pero tampoco el espectáculo era para tirar cohetes.

Nuestras huellas en Sanibel

Sanibel

Después de esta gran decepción, volvimos a la otra costa, hacia Fort Lauderdale, donde el día siguiente zarparíamos rumbo a Europa.

Florida, a pesar de su apodo, se despidió con una gran tormenta tropical, así que tampoco pudimos disfrutar de la casa con piscina de Airbnb donde pasamos la ultima noche.

Volviendo la vista atrás, Florida es la única parte de nuestro largo viaje que no volvería a hacer si se me diera la posibilidad de cambiar algo. Entre el mal tiempo, los precios muy altos de los alejamientos y la escasa belleza de algunos lugares descritos por todos como autenticas maravillas (sobre todo los Everglades y Sanibel Island), no lo disfrutamos en absoluto.

Nos quedamos sin embargo con Key West y Miami Beach. Nunca se sabe donde va a acabar uno, pero veo poco probable que algún día regresemos a Florida.

Adios Estados Unidos. Ahora sí nos vamos. Europa nos espera. Pero primero, la larga e inesperadamente placentera travesía de Atlantico. 😉

 

ETAPAS

– Miami Beach

– Florida Keys y Key West

– Everglades National Park

– Siesta Key

– Sanibel Island

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